La llampuga: el pez que marca el otoño en Port d'Andratx
Todavía es de noche cuando las primeras barcas salen del muelle de Port d'Andratx. Pasan junto a los veleros dormidos, doblan la bocana y ponen rumbo a mar abierto. No van muy lejos. A unas millas de la costa, entre la luz gris del amanecer, aparecen las boyas que fondearon a finales de agosto. Debajo, a la sombra, esperan las llampugues.
Un pez de paso
La llampuga es la Coryphaena hippurus, conocida en otros mares como dorado o mahi-mahi. Es un pez migratorio, rápido y de colores casi imposibles: verde eléctrico en el lomo y amarillo en los costados. Llega a las aguas de Mallorca al final del verano, cuando el mar está más caliente, y se marcha con el invierno.
Por eso tiene calendario propio. En 2026, la temporada de pesca profesional se abrió el 25 de agosto y se cerrará el 31 de diciembre, con 35 embarcaciones artesanales, todas con base en Mallorca. En el resto del año, la llampuga desaparece de las pescaderías. Quien la come en octubre está comiendo, literalmente, el otoño.
La sombra como cebo
La forma de pescarla es lo que la hace única. Los pescadores fondean en alta mar los capcers: flotadores a los que tradicionalmente se atan hojas de palmera. La llampuga busca la sombra de cualquier objeto que flote, y bajo los capcers se agrupa en bancos. Al amanecer, las barcas recorren su línea de capcers y rodean los peces con la llampuguera, una red de cerco pequeña.
Es un arte de pesca antiguo y muy mallorquín. Según la Conselleria de Agricultura, Pesca y Medio Natural, está reservado a los pescadores profesionales de artes menores, y las embarcaciones recreativas no pueden acercarse a menos de 250 metros de los capcers. En el Mediterráneo, solo Mallorca, Sicilia, Malta y Túnez mantienen una tradición fuerte en torno a este pez. En Menorca e Ibiza apenas se pesca.
Port d'Andratx, uno de sus puertos
Cala Rajada y Alcúdia concentran la mayor parte de las capturas, pero Port d'Andratx forma parte de la pequeña flota que sale a por llampuga cada otoño. Basta con acercarse a primera hora a la lonja o al muelle de pescadores para ver las cajas de pescado brillante, todavía con ese color que se apaga a las pocas horas.
Es la misma flota que en primavera y verano trae la langosta que acaba en la caldereta de llagosta. La llampuga cuenta la otra mitad del año del puerto: más humilde, más barata y igual de ligada al mar de aquí.
Llampuga amb pebres y otras formas de comerla
En la cocina mallorquina, la receta clásica es la llampuga amb pebres: el pescado cortado en rodajas, frito y acompañado de pimientos verdes. Es un plato de casa, de los que se preparan sin mirar el reloj. En muchas familias, el otoño también es tiempo de empanades de llampuga, la versión salada del pastel que se lleva al campo o a la playa en los últimos días templados.
Su carne es firme, blanca y poco grasa, y se aprovecha casi entera. En los últimos años, los cocineros jóvenes la han recuperado en tartares, a la plancha o marinada, y la han sacado de la cocina doméstica a las cartas de temporada. En los restaurantes del paseo marítimo, cuando aparece en la pizarra, es señal de que la barca ha vuelto con buena pesca.
Comer de temporada
En una época en que casi todo está disponible todo el año, la llampuga mantiene algo valioso: hay que esperarla. Comerla en octubre en Port d'Andratx es participar de un ritmo que sigue marcando el mar y no el mercado.
Para seguir descubriendo los productos de esta época del año, puedes leer nuestra guía de sabores de otoño en Mallorca. Y para quien quiera ver salir las barcas con calma, el puerto queda a un paseo de Mon Port Hotel & Spa.