Arte y cultura en Andratx: el CCA y el mercado semanal
A poco más de diez minutos de Mon Port, tierra adentro, hay un pueblo que rara vez aparece en las postales pero que esconde dos vidas culturales muy distintas bajo el mismo cielo. Andratx —el pueblo, no el puerto— es un cruce curioso: en una misma mañana se puede pasar de uno de los centros de arte contemporáneo más grandes de España al bullicio de un mercado que se celebra desde hace más de un siglo. Dos maneras de entender la cultura mallorquina, la de vanguardia y la de siempre, a un paseo la una de la otra.
El miércoles es el día grande. Desde primera hora de la mañana, el Passeig de Son Mas y las calles de alrededor se llenan de paradas: fruta y verdura de la huerta, quesos y embutidos, pan recién hecho, flores, ropa, objetos de piel y cerámica. El mercado de Andratx no es un invento reciente: hay constancia de él desde mediados del siglo XIX, cuando se celebraba en lo que hoy es la plaza de España, antes de trasladarse a su emplazamiento actual. No es un mercado montado para el visitante, aunque lo reciba de buen grado; es el mercado al que va la gente del pueblo a hacer la compra y a saludarse, y esa autenticidad se nota en cada parada. Si se visita en verano, merece la pena hacerse con unos tomates de ramillete, unos pimientos y una cebolla dulce: los ingredientes exactos del trempó, esa ensalada que protagoniza buena parte de la gastronomía mallorquina más casera. Conviene llegar pronto, antes de que apriete el calor, y dejar el coche a las afueras para entrar caminando.
A pocos minutos, al pie de la Serra de Tramuntana, espera el contraste. El CCA Andratx (Centre Cultural Andratx) es un edificio luminoso de unos 4.000 metros cuadrados, con aire de claustro contemporáneo, rodeado de campo y montaña. Lo fundó en 2001 el matrimonio danés Jacob y Patricia Asbaek, y desde entonces se ha convertido en uno de los espacios de arte contemporáneo más importantes de las Baleares. Sus salas acogen varias grandes exposiciones comisariadas al año, junto a galerías dedicadas tanto a artistas internacionales como a creadores emergentes de la isla. Tiene además un jardín de esculturas, un patio central que recuerda a un claustro y un programa de residencias por el que han pasado cientos de artistas de todo el mundo. La visita se puede cerrar sin prisas en su cafetería, una de esas sorpresas que uno no espera encontrar en mitad del campo.
La gracia está en combinarlos. Una mañana de miércoles da de sobra para recorrer el mercado, tomar un café en alguna terraza del centro y acercarse después al CCA, cuando el sol ya está alto y se agradece la calma de las salas blancas. Es un plan diferente al de playa, ideal para un día algo nublado o, sencillamente, para descubrir el Andratx que existe más allá del puerto. Y como ambos lugares quedan en el pueblo, a un corto trayecto desde la costa, es fácil reservarles media jornada y volver a tiempo para disfrutar de una tarde junto al mar o de un rato de spa en el hotel.
Eso sí, antes de salir conviene comprobar el horario del mercado en la web del Ajuntament d'Andratx y las exposiciones y horarios del momento en la del propio CCA, ya que ambos varían según la temporada.
Porque Mallorca no es solo mar. A veces, lo que más se recuerda de un viaje está tierra adentro: en el olor a fruta de un puesto de mercado y en el silencio de una sala de arte, separados por apenas unos minutos de carretera.