La caldereta de llagosta: el plato que define Port d'Andratx
A media mañana, cuando las barcas de Port d'Andratx ya han vuelto de recoger las nansas, algunas cocinas del paseo marítimo empiezan a oler a sofrito. No es la hora de comer todavía, pero la caldereta de llagosta necesita su tiempo, y aquí nadie tiene prisa por servirla.
Un guiso de pescadores que conquistó las cartas de restaurante
La caldereta debe su nombre a la caldera, la cazuela de barro en la que tradicionalmente se cocinaba. El plato alcanzó su fama mayor en Menorca, donde restaurantes de Ciutadella y Fornells lo convirtieron en emblema hace más de un siglo. Pero la llagosta ha sido protagonista en las cocinas de todos los puertos baleares donde se pescaba —también en Andratx—, donde durante generaciones sostuvo la economía de familias de pescadores antes de convertirse en el capricho gastronómico que hoy buscan quienes visitan la isla.
La llagosta que se pesca frente a estas costas
Andratx figura, junto a Ciutadella, Maó, Fornells, Cala Rajada, Pollença y Sóller, entre los puertos baleares donde la pesca artesanal de la llagosta ha formado tradicionalmente parte de la vida económica local. La temporada se abre cada año el 1 de abril, tras siete meses de veda que protegen a la especie y garantizan una captura sostenible. Es, por tanto, un plato de temporada: quien lo pide en pleno verano lo pide justo cuando la llagosta balear está en su mejor punto. Esta misma cultura marinera, la que llena hoy las cartas de los restaurantes del puerto, es la que sigue viva cada 29 de junio en las fiestas de Sant Pere.
El sofrito, la paciencia y el pan que lo acompaña todo
La receta parte de un sofrito lento de cebolla, tomate, ajo y perejil en aceite de oliva, sobre el que se añade la llagosta troceada, caparazón incluido, para que suelte todo su sabor en el caldo. La tradición marinera añade un gesto casi ritual: no se sirve recién hecha. Se deja reposar, para que los sabores se concentren, y se acompaña con finas rebanadas de pan tostado —frotadas con ajo— sobre las que se vierte el caldo caliente con el cazo. Es un plato que premia la calma, no la prisa. Algo que, en Port d'Andratx, se entiende bien.
Dónde y cuándo probarla
Buena parte de los restaurantes del paseo marítimo la incluyen en carta durante los meses de temporada, casi siempre a precio de mercado, porque la llagosta se paga por peso y varía según la pesca del día. Vale la pena preguntar en recepción por la disponibilidad, o combinar la comida con un paseo por el puerto antes de que apriete el calor de mediodía. Quien quiera seguir explorando los sabores de la zona puede visitar nuestra sección de Gastronomía y Cocina, con más historias sobre el producto local del suroeste de Mallorca.
Un almuerzo que pesa, y que se disfruta despacio
Una caldereta de llagosta no es un plato ligero, y no pretende serlo. Después de un almuerzo así, pocas cosas sientan mejor que dejar pasar la tarde con calma, ya sea con un baño o con una sesión en el spa de Mon Port. Es, quizás, la mejor forma de terminar de entender por qué este guiso —nacido en las cocinas de los pescadores— sigue siendo, generaciones después, uno de los platos que mejor cuentan la historia de este puerto.