Festa des Vermar en Binissalem -- la vendimia mallorquina
A finales de agosto, en los viñedos que rodean Binissalem, las hileras de cepas empiezan a cambiar de color. El verde vira a cobre y después a un morado oscuro, y las cuadrillas salen a vendimiar antes de que el sol apriete, cuando el racimo todavía conserva el frescor de la noche. Ese ritmo, repetido temporada tras temporada desde hace generaciones, es el que da origen a la fiesta más longeva del calendario del interior de Mallorca: la Festa des Vermar.
Seis décadas de fiesta y de vino
La Festa des Vermar nació a mediados de los años sesenta como una celebración de acción de gracias por la cosecha, y en 2026 cumple su sexagésima edición, con el pueblo volcado en conmemorar «sesenta años de una fiesta que forma parte de la identidad de Binissalem», según recoge el programa oficial del Ayuntamiento. La fiesta se reparte a lo largo de casi tres semanas de septiembre y culmina con los actos más multitudinarios el último fin de semana del mes.
El vino no es solo decorado: es la razón de ser de la fiesta. Binissalem forma parte de la D.O. Binissalem, la primera denominación de origen vinícola reconocida en las Islas Baleares, y su terreno calizo y su altitud —unos cien metros sobre el nivel del mar, a resguardo de la Serra de Tramuntana— han hecho posible el cultivo de la uva manto negro, variedad autóctona que sigue siendo la columna vertebral de los vinos tintos de la comarca, tal y como explica Illes Balears Turisme.
Pisar la uva y la batalla de raïm
El programa combina actos solemnes con otros mucho más desenfadados. Los «vermadors i vermadores», jóvenes elegidos cada año como embajadores de la fiesta, encabezan el pregón y las ofrendas; mientras tanto, en la plaza de la Iglesia, cuadrillas descalzas compiten pisando uva a la manera tradicional, en un concurso que despierta tantas risas como aplausos. El otro gran momento —y probablemente el más fotografiado— es la Festa dels Trepitjadors, con su batalla de raïm: cientos de kilos de uva ya pasada vuelan de un lado a otro de un campo a las afueras del pueblo, en una guerra festiva que este año celebra además su propio 25.º aniversario. Al caer la noche, los correfocs recorren las calles entre chispas y música.
La mesa larga de los fideus de vermar
Si hay un momento que resume el espíritu de la Vermada es el sopar a la fresca: las calles del pueblo se cierran al tráfico, los vecinos sacan mesas y sillas a la puerta de casa, y miles de personas se sientan juntas a compartir los fideus de vermar, un plato de fideos guisados que se sirve por tradición junto a una copa del vino nuevo de la temporada. No es un acto turístico, sino una cena de vecinos que, año tras año, abre sus puertas a quien quiera sumarse.
De Port d'Andratx al corazón vinícola de la isla
Binissalem queda en el centro de Mallorca, a poco más de media hora en coche desde Port d'Andratx, lo que la convierte en una excursión perfecta de medio día para quien se aloja en Mon Port y quiere ver una cara de la isla muy distinta a la costa. Quien prefiera profundizar en el vino mallorquín con más calma —visitando bodegas y catando fuera de fechas de fiesta— puede completar la experiencia con nuestro artículo sobre bodegas y vino mallorquín en el interior de la isla. Y para quien busca maridar la jornada con algo de mar antes de volver, la caldereta de llagosta de Port d'Andratx sigue siendo la mejor forma de cerrar el día.
La Festa des Vermar no necesita disfraz turístico: es, sencillamente, la forma en que Binissalem sigue celebrando lo mismo que celebra desde hace sesenta años, con el vino como hilo conductor de una identidad que no ha dejado de renovarse.