Fornalutx y Biniaraix: la otra cara de la Tramuntana
En Biniaraix, la carretera se acaba junto al rentador del pueblo. A partir de ahí solo queda piedra: un camino empedrado que sube entre bancales de olivos centenarios hacia el corazón de la Tramuntana. Quien ya conoce el tren de madera hasta Sóller y el tranvía hasta el puerto tiene, a apenas unos minutos en coche, una Mallorca distinta: la de los pueblos de montaña y los caminos que los mallorquines llevan siglos construyendo a mano.
Fornalutx, el pueblo que vive de cara al Puig Major
Fornalutx se asoma al valle de Sóller desde las faldas del Puig Major, el techo de Mallorca con 1.445 metros. Durante buena parte del siglo XIX compartió término municipal con su vecina Sóller, hasta independizarse definitivamente; hoy tiene algo más de 700 habitantes y conserva un trazado de calles estrechas y empinadas que delata su origen andalusí, con casas de piedra, naranjos asomando por las tapias y macetas de geranios en cada esquina.
La vida del pueblo gira en torno a la Plaça d'Espanya, con el ayuntamiento instalado en Can Arbona, antigua casa señorial, y la iglesia parroquial del siglo XVIII. Merece la pena alzar la vista hacia los aleros: muchas casas conservan tejas pintadas a mano, una tradición decorativa que puede verse de cerca en el centro cultural de Can Xoroi. En 1983 Fornalutx recibió el II Premio Nacional de Pueblos Embellecidos y Mantenidos de España, y hoy forma parte de la asociación Los Pueblos Más Bonitos de España — un reconocimiento que, paseando por sus calles a media mañana, sin prisa, no cuesta entender.
Biniaraix, la antesala de piedra
A poco más de dos kilómetros, Biniaraix es apenas un puñado de casas de piedra alrededor de una plaza, una iglesia y un bar donde los vecinos siguen parando a media tarde. No hay apenas comercio turístico ni carteles: es aquí donde empieza el verdadero viaje, en el rentador que marca el final del pueblo y el arranque del Camí des Barranc, la calzada que durante generaciones ha sido el único paso entre el valle de Sóller y las tierras altas de la Tramuntana.
El Barranc de Biniaraix, la Tramuntana escrita en piedra seca
El Barranc de Biniaraix, junto con el Camí Vell que lo continúa, está declarado Bien de Interés Cultural. El camino comunicaba el valle de Sóller y Fornalutx con L'Ofre, Cúber, Orient y el monasterio de Lluc, y hoy forma parte del GR-221, la Ruta de Pedra en Sec que recorre la Serra de Tramuntana, Patrimonio Mundial de la UNESCO desde 2011.
Lo que hace único este tramo es su factura: muros, pequeños puentes, síquies y bancales tallados en piedra seca, sin argamasa, obra de generaciones de margers — los maestros artesanos de la piedra en seco cuyo oficio el Consell de Mallorca recuperó en 1986 con la creación de la Escola de Margers. El camino salva un desnivel notable entre olivos, algarrobos y almendros centenarios, con el torrent sonando de fondo casi todo el año; no es apto para sillas de ruedas ni carritos de bebé, y conviene llevar buen calzado, agua y protección solar.
Cómo organizarlo desde Mon Port
Desde Mon Port Hotel & Spa, Fornalutx y Biniaraix quedan a algo más de 40 minutos en coche, cruzando la Tramuntana. La primavera y el otoño son las mejores estaciones para caminar el barranco, con temperaturas suaves y menos aglomeración; en pleno verano conviene salir a primera hora. Quien prefiera combinar la excursión con el trayecto clásico puede empezar el día en Palma, subir hasta Sóller en el histórico tren de madera y el tranvía y terminarlo en Fornalutx, a un paso en coche o autobús desde el valle.
Al volver a Port d'Andratx, después de horas de piedra, sol y desnivel, el spa de Mon Port Hotel & Spa espera para cerrar el día como se merece.
Fornalutx y Biniaraix no buscan impresionar a primera vista, como sí hacen el tren o el tranvía. Se ganan despacio, a pie, entre muros que llevan siglos sosteniendo la montaña. Esa es su otra cara de la Tramuntana.