Castell d'Alaró: la subida que se merece el otoño
Octubre tiene una luz que no se parece a ninguna otra. Llega más baja, más dorada, y deja el aire tan limpio que la isla parece recién lavada. Es una luz para salir temprano, con un termo de café en la mochila y sin reloj que mirar. En el interior de Mallorca, a los pies de la Tramuntana, una subida la aprovecha como pocas: la del Castell d'Alaró, una fortaleza en ruinas a 821 metros, encaramada sobre una roca que se ve desde todo el llano.
Cambiar el mar por la montaña
Quien pasa unos días en Port d'Andratx vive mirando al agua. Por eso cambiar de paisaje una mañana sienta tan bien. Alaró es un pueblo tranquilo, de casas de piedra y calles estrechas, con una plaza que despierta despacio entre cafés y persianas a medio subir. Desde allí, una carretera estrecha sube entre bancales de olivos hasta Es Verger, una antigua possessió donde termina el asfalto. A partir de ese punto se sigue a pie, unos 45 o 50 minutos de subida.
Piedra, encinar y silencio
El camino entra enseguida en el encinar. Después de las primeras lluvias huele a tierra húmeda, y la sombra acompaña casi todo el trayecto. El ruido del coche se queda abajo. Arriba solo se oyen los pasos sobre la piedra y algún pájaro. El último tramo es un antiguo camino de herradura empedrado que se pega a la roca y cruza un arco bajo la Torre de l'Homenatge, la única puerta posible de la fortaleza.
Para quien quiera más kilómetros, existen otras dos opciones. Una sale del propio pueblo y dura algo más de dos horas. La otra parte de Orient y enlaza con la Ruta de Pedra en Sec (GR 221), la misma Tramuntana de muros secos y bancales que se recorre en Fornalutx y Biniaraix.
Una historia para contar en la cima
Entre las murallas y las cisternas queda una de las historias que más se repiten en la isla. En 1285, Guillem Cabrit y Guillem Bassa defendieron el castillo frente a Alfonso III de Aragón y se negaron a rendirse. La tradición cuenta que pagaron esa lealtad con la hoguera. Mallorca los recuerda como mártires, y sus figuras aparecen todavía en el retablo del pequeño oratorio que corona el puig.
Café, pa amb oli y media isla a los pies
El Oratori de la Mare de Déu del Refugi se levantó en 1622. Al lado está la hostatgeria, un refugio de montaña sencillo donde un café o un pa amb oli saben distinto después de la subida. La tarta de almendra tiene sus fieles. Algunos se quedan a dormir solo para ver el cielo cuando oscurece.
Desde el borde de la meseta, la mirada recorre las cumbres de la Tramuntana, llega a la bahía de Alcúdia y baja hacia el Pla, cuadriculado de almendros y pueblos. Con el aire de octubre, el horizonte se ve con una nitidez que el verano rara vez permite. La guía de Alaró de mallorca.com completa el plan con lo que ofrece el pueblo.
La tarde, de vuelta al mar
La bajada se hace ligera. En Es Verger, la cocina de montaña es casi una tradición para cerrar la excursión. Después, la carretera devuelve a la costa.
En Port d'Andratx la tarde pide agua caliente y calma. El spa de Mon Port es el mejor sitio para que las piernas recuerden la subida sin quejarse. Para otros días, Mon Sports reúne más planes al aire libre, y La Trapa ofrece otra caminata con historia, mucho más cerca de Mon Port Hotel & Spa.