La Trapa: el monasterio que se convirtió en símbolo ecologista
Desde Sant Elm, la pista sube despacio entre pinos y lentiscos, y el ruido del pueblo se apaga enseguida. Al cabo de una hora y pico, el camino se abre sobre un valle colgado sobre el mar. Se ven bancales de piedra seca que bajan en escalones hacia el acantilado, unas casas de piedra a medio techar, un molino y una era. Enfrente está Sa Dragonera, con su lomo de dragón dormido. Pocas vistas del suroeste de Mallorca explican tan bien por qué este rincón de Andratx se ha defendido con tanto empeño.
Cuarenta monjes en silencio
En 1810 llegó a Mallorca una comunidad de monjes trapenses que huía de la Francia revolucionaria. El canónigo Pere Roig les cedió una propiedad que tenía en el valle de Sant Josep, en s'Arracó. Desde entonces el lugar lleva el nombre de la orden: La Trapa.
Además de los votos de pobreza y castidad, los trapenses hacían voto de silencio. Solo uno, el llamado «fraile del pan», trataba con el exterior para recoger limosna. Vivía apartado del monasterio, en una cabaña junto al camino del Coll de La Trapa. Los demás trabajaban. En pocos años levantaron bancales y abrieron minas de captación de agua. Así convirtieron una ladera árida en un huerto que daba cereales, legumbres, verduras y fruta.
Su estancia fue breve. Una parte de la comunidad dejó la isla en 1813 y el resto se marchó definitivamente en 1824. El monasterio pasó a ser una explotación agrícola y cambió de manos varias veces. A mediados del siglo XX quedó abandonado.
1980: comprar un paisaje para salvarlo
A finales de los años setenta surgió un proyecto de parcelación y urbanización del valle. El GOB (Grup Balear d'Ornitologia i Defensa de la Naturalesa) respondió con algo casi inédito entonces: comprar el terreno para protegerlo. Creó la asociación Amics de La Trapa, lanzó una suscripción popular y organizó una subasta de obras de arte. También sumó el apoyo de entidades como WWF y la Sociedad Zoológica de Fráncfort, cuya aportación permitió cerrar los pagos.
La operación arrancó en 1980 y no se completó hasta principios de los noventa. El resultado fue más que una finca de 81 hectáreas: demostró que la sociedad civil podía hacerse cargo de un paisaje. Hoy La Trapa es Paraje Natural, Zona de Especial Protección para las Aves y Zona de Especial Conservación. Además, forma parte de la Serra de Tramuntana, Patrimonio Mundial.
Dos incendios y una reforestación que no se rinde
La historia reciente de La Trapa también se cuenta en cenizas. El 1 de junio de 1994, una quema agrícola no autorizada en una finca vecina arrasó toda su superficie forestal. Casi veinte años después, el bosque empezaba a recuperarse cuando llegó el incendio de julio de 2013, el peor registrado hasta entonces en Baleares. Quemó la mitad de la finca.
Desde entonces, el GOB y su voluntariado trabajan para recuperar la cubierta vegetal, restaurar los edificios y cuidar el patrimonio de piedra seca. Es un trabajo lento y manual, parecido al de los propios monjes.
Cómo llegar desde Port d'Andratx
El punto de partida habitual es Sant Elm, a unos veinte minutos en coche desde Port d'Andratx. Desde la Avinguda de La Trapa salen dos opciones. La pista forestal tiene unos 4 km de dificultad baja y se recorre en alrededor de hora y media. El sendero que sube por el pinar es más corto (1,7 km), pero tiene tramos empinados y terreno suelto. Para una jornada más larga, también se puede llegar por la GR-221 desde el Coll de Sa Gramola, unos 8 km. Los tres recorridos están detallados en la web oficial de La Trapa.
La finca es privada, pero el acceso es libre y gratuito. No hay agua potable ni recogida de basuras, y la cobertura es escasa. Conviene llevar agua y calzado de montaña, y volver con todo lo que se trae. Los perros pueden entrar atados, y para acampar se necesita autorización previa. Las pautas de visita del GOB piden algo sencillo: respetar el silencio. La oficina de turismo de Andratx destaca también el mirador sobre Sa Dragonera como parada obligada.
La ruta combina bien con la Torre de Cala en Basset, que ya recorrimos en nuestro artículo sobre senderismo costero cerca de Mon Port.
De vuelta al puerto
Después de una mañana de piedra y pinar, la vuelta a Mon Port Hotel & Spa tiene su propio ritmo: la piscina, el spa y una cena sin prisa. Queda la sensación de haber visto uno de los lugares donde Mallorca decidió, hace más de cuarenta años, que no todo estaba en venta.