Figues seques: el dulce de septiembre que ya casi nadie hace en casa
Hay placeres que solo existen en una época concreta, y en Mallorca septiembre tiene uno muy suyo: los higos. Maduros, blandos, a punto de abrirse, saben a verano que se resiste a irse. Durante generaciones, las familias mallorquinas los secaban al sol para tenerlos todo el invierno. Hoy casi nadie lo hace en casa, y justo por eso las figues seques vuelven a tener algo de lujo discreto: el de las cosas lentas, hechas a mano y con tiempo.
Un dulce con alma slow
Mucho antes de que se hablara de slow food, Mallorca ya practicaba el ritmo lento con los higos. Se recogían maduros, se aplanaban con la palma de la mano y se dejaban al sol sobre canyissos, unas bandejas de caña que dejan pasar el aire. Por la noche volvían a casa y cada pocos días se les daba la vuelta. Ni prisas ni atajos: solo sol, aire y paciencia.
El resultado es un bocado denso, con textura de caramelo y aroma a miel. Tiene muy poco que ver con los higos secos envasados del supermercado. Es la diferencia entre un pan de horno de leña y uno industrial.
El toque mallorquín: hinojo, anís y un chorrito de licor
Lo que convierte un higo seco en una figa seca mallorquina es cómo se guarda. Una vez secos, se pasan un momento por agua caliente y unos minutos por el horno. Después se colocan en capas apretadas dentro de tarros de vidrio con ramitas de hinojo, semillas de anís, una pizca de azúcar y, en muchas casas, un poco de licor de hierbas. Cada familia tiene su receta y ninguna es igual a otra. Hay quien añade laurel o algarroba, y quien prefiere no usar licor.
Por eso, abrir un tarro casero es un poco como abrir una botella de vino de un pequeño productor: cada uno cuenta algo distinto.
Cómo disfrutarlos hoy
Las figues seques no necesitan ocasión especial, pero sí un poco de ceremonia. Algunas ideas para darles protagonismo:
- Con queso mallorquín curado, para crear un contraste dulce y salado perfecto para el aperitivo.
- Con almendras tostadas y un café, la merienda de siempre y la más sencilla de todas.
- En una tabla con vino de la isla, como final de una cena larga al aire libre.
- En forma de pa de figa, un pan de higo con almendras y matalahúva que se corta en lonchas finas, ideal para acompañar quesos.
Son el tipo de detalle que convierte una sobremesa normal en un recuerdo de viaje.
Hazlos tú: un pequeño ritual de septiembre
Si te apetece probar, no hace falta un cortijo. Basta con una bandeja con papel de horno, higos bien maduros y un rincón soleado. Aplánalos con suavidad, déjalos al sol entre siete y diez días y dales la vuelta los últimos días para que se sequen por ambas caras. Después, un escaldado rápido, unos minutos de horno y a su tarro con hinojo y anís. La tradición popular dice que deben estar guardados antes de Sant Francesc, a principios de octubre. Es la excusa perfecta para no dejarlo para mañana.
Una escapada entre higueras
Para vivir la cultura del higo en primera persona, la cita obligada es Son Mut Nou, en la Marina de Llucmajor. Allí, Montserrat Pons ha reunido una colección con más de mil variedades de higuera de todo el mundo. Las visitas se hacen con reserva previa e incluyen cata de productos elaborados con higo. Es un plan distinto, auténtico y muy fotogénico.
Si prefieres algo más festivo, la Fira de la Figa de Lloret de Vistalegre celebra el higo cada septiembre. Los higos frescos también llenan en temporada mercados como el de Inca. Y si buscas un regalo con sabor a isla, un tarro de figues seques es uno de los productos típicos más auténticos para llevarse a casa.
A la vuelta, nada como un higo seco con almendras y la luz dorada de septiembre sobre Port d'Andratx. Nuestro equipo puede ayudarte a organizar la excursión desde nuestros servicios, y nuestras habitaciones te esperan para cerrar el día. Escríbenos y te ayudamos a planificarla.